Un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) encendió las alarmas sobre el impacto económico de las enfermedades de salud mental en América Latina. Según el estudio, los trastornos como la depresión, la ansiedad y otros problemas emocionales están generando una pérdida estimada de más del 5% del Producto Interno Bruto (PIB) regional, debido a la disminución de la productividad y al incremento de costos en salud pública.
El BID advierte que la región enfrenta un déficit importante en el acceso a atención psicológica y psiquiátrica. Se estima que 7 de cada 10 personas con problemas de salud mental no reciben tratamiento, lo que prolonga las crisis personales y afecta a sus entornos familiares y laborales.
Además del impacto económico, el informe señala que los problemas de salud mental están asociados a otros factores graves, como el abandono escolar, la pobreza y la violencia. Las mujeres y los jóvenes son los grupos más vulnerables, especialmente en contextos de desempleo y crisis sociales.
Expertos del BID recomiendan que los gobiernos de América Latina aumenten el presupuesto en salud mental, capaciten a personal en atención primaria y creen campañas de prevención para reducir el estigma. Invertir en bienestar emocional, señalan, podría generar un retorno económico significativo al reducir las bajas laborales y aumentar la productividad.
La organización también sugiere implementar políticas públicas integrales que incluyan programas escolares de educación emocional y plataformas digitales de apoyo, aprovechando la tecnología para llegar a comunidades que carecen de especialistas.
Con el aumento de casos de depresión y ansiedad tras la pandemia de COVID-19, el BID considera que la salud mental ya no puede ser ignorada, pues sus consecuencias no solo afectan a las personas, sino también al desarrollo económico de toda la región.